La mesa que dirige el Congreso rechaza por sistema todo tipo de preguntas sobre la Corona. Después de impedir hace tres semanas que prosperasen 101 preguntas de ERC sobre las finanzas de la Casa Real, el martes pasado echó otras dos que le presentaron el diputado verde del Grupo Socialista, Francisco Garrido, y la diputada de IU Isaura Navarro en las que criticaban la publicidad que hace la Familia Real de las clínicas privadas en detrimento de las públicas y ponían como ejemplo el nacimiento de la infanta Sofía en la clínica Ruber. Un miembro de la Mesa explicó a Interviú que mientras el artículo 56 de la Constitución declare que la persona del Rey no está sujeta a responsabilidad no se podrá preguntar nada que le afecte.
Interviú, 14/5/2007
Si bien el malestar de los diputados Francisco Garrido e Isaura Navarro es de lo más legítimo, mucho me temo que poco han valorado los diputados las otras posibilidades en lo que al Parto Real se refiere: ¿Preferirían que el alumbramiento se desarrollara en un hospital público, sufragado por los impuestos de los trabajadores españoles que abonan su seguridad social todos los meses de manera puntual e involuntaria? (quizá sí, el motín de pacientes e impacientes que se formaría en el hospital de turno -por mor del real desfile de vehículos oficiales, personal de seguridad, así como toda la prensa que allí iría- volvería republicano a monárquicos y juancarlistas). ¿O preferirían quizá que encargaran el montaje de una sala de partos en alguna sala de alguna estancia de algún palacio del modesto recinto de la Zarzuela? (con el derroche que tal exquisita real medida supondría).
21 mayo 2007
15 mayo 2007
Tengo otra respuesta para usted
Según los penúltimos acontecimientos, todo sigue igual en cuanto a las preocupaciones de los españoles. El CIS sigue en sus trece (insiste en el polinomio terrorismo-paro-inmigración-vivienda, y también en el mismo orden), y el heterogéneo público del controvertido programa de TVE Tengo una pregunta para usted fue por otro lado, tanto cuando fue uno como cuando fue el otro.
Ninguno de los dos sondeos, si así podemos denominar a cualquiera de ellos, refleja inquietud social alguna por los mal llamados accidentes de tráfico. En los últimos diez años han muerto en las carreteras españolas más de 30.000 personas (más de 3.000 al año, muchas más que en manos de terroristas). Los mal llamados accidentes de tráfico son actualmente la quinta causa más frecuente de muerte en España (por detrás de enfermedades cardiovasculares, neoplásicas, respiratorias y digestivas), siendo la primera causa de muerte entre las personas menores de 29 años. También causan el 40% de las minusvalías que se producen en España. Además, mientras en Francia hace años que los accidentes de tráfico se han declarado problema de estado, en Gran Bretaña hay 7.000 radares fijos (por los 500 que hay en España) y en Alemania las autopistas no tienen limitación de velocidad porque los conductores no la necesitan; en España se instalan radares en tramos de carreteras que no registran accidentes, y los tramos delicados y puntos negros permanecen años y años sin ser modificados. Cuando alguien se mata en uno de estos lugares comienza el show: que si la carretera es de competencia autonómica; que si no, que es municipal; que si tampoco, que hubo un traspaso de poderes en una reunión de vecinos y ahora es un camino vecinal...
Resulta clarividente, entre otros calificativos, que los españoles tengan más miedo a ser asesinados en un atentado terrorista que atropellados. Aunque quizá sea positivo que no exista alarma social alguna respecto a este tema. Si la hubiera, correríamos el riesgo de que el CIS recordara esta preocupación aún cuando dejara de haber muertos en la carretera.
Ninguno de los dos sondeos, si así podemos denominar a cualquiera de ellos, refleja inquietud social alguna por los mal llamados accidentes de tráfico. En los últimos diez años han muerto en las carreteras españolas más de 30.000 personas (más de 3.000 al año, muchas más que en manos de terroristas). Los mal llamados accidentes de tráfico son actualmente la quinta causa más frecuente de muerte en España (por detrás de enfermedades cardiovasculares, neoplásicas, respiratorias y digestivas), siendo la primera causa de muerte entre las personas menores de 29 años. También causan el 40% de las minusvalías que se producen en España. Además, mientras en Francia hace años que los accidentes de tráfico se han declarado problema de estado, en Gran Bretaña hay 7.000 radares fijos (por los 500 que hay en España) y en Alemania las autopistas no tienen limitación de velocidad porque los conductores no la necesitan; en España se instalan radares en tramos de carreteras que no registran accidentes, y los tramos delicados y puntos negros permanecen años y años sin ser modificados. Cuando alguien se mata en uno de estos lugares comienza el show: que si la carretera es de competencia autonómica; que si no, que es municipal; que si tampoco, que hubo un traspaso de poderes en una reunión de vecinos y ahora es un camino vecinal...
Resulta clarividente, entre otros calificativos, que los españoles tengan más miedo a ser asesinados en un atentado terrorista que atropellados. Aunque quizá sea positivo que no exista alarma social alguna respecto a este tema. Si la hubiera, correríamos el riesgo de que el CIS recordara esta preocupación aún cuando dejara de haber muertos en la carretera.
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