
Después de finalizar su clásico bimestre de vacaciones, la Casa Real anuncia el nombramiento de un interventor que, según ellos, controlará las finanzas de tan exquisito hogar. Un par son las conclusiones que se evidencian a propósito de esta real decisión.
La primera conclusión que se desprende es que llevan nada menos que treinta años sin nadie que controle mínimamente sus gastos, algo muy extraño en un país que autopresume de ser "muy avanzado" y de tener una monarquía "muy moderna". El abultadísimo presupuesto que el Gobierno de España otorga a la Casa Real (8,29 millones de euros en 2007, que vienen siendo 1.379 millones de pesetas) puede ser -¿o podía?- administrado por sus miembros de la manera que les parezca más conveniente, y nadie en el Congreso puede hacer ninguna pregunta al respecto porque el artículo 56 de la Constitución exime al monarca de cualquier movimiento. De todas formas, está muy claro que este interventor tampoco viene para controlar a nadie, porque si así fuera, no sería nombrado por ellos, como es natural. Este nombramiento se parece mucho más a una cortina de humo que al anuncio de la llegada de un inspector a la casa del jefe del estado.
La primera conclusión que se desprende es que llevan nada menos que treinta años sin nadie que controle mínimamente sus gastos, algo muy extraño en un país que autopresume de ser "muy avanzado" y de tener una monarquía "muy moderna". El abultadísimo presupuesto que el Gobierno de España otorga a la Casa Real (8,29 millones de euros en 2007, que vienen siendo 1.379 millones de pesetas) puede ser -¿o podía?- administrado por sus miembros de la manera que les parezca más conveniente, y nadie en el Congreso puede hacer ninguna pregunta al respecto porque el artículo 56 de la Constitución exime al monarca de cualquier movimiento. De todas formas, está muy claro que este interventor tampoco viene para controlar a nadie, porque si así fuera, no sería nombrado por ellos, como es natural. Este nombramiento se parece mucho más a una cortina de humo que al anuncio de la llegada de un inspector a la casa del jefe del estado.
La segunda conclusión es que algo se debe estar cociendo en la Zarzuela. ¿Por qué anunciar precisamente ahora la introducción de una figura que, en teoría, viene para controlar, y en la práctica, será un empleado más -sobre todo sabiendo que la Constitución les ampara y que no tienen por qué hacerlo-? ¿Es un intento de acercamiento? De ser así, ¿está motivado por algún exceso cometido últimamente? ¿Tiene algo que ver en esto el secuestro de El Jueves de hace unas semanas? ¿Piensan que el sentimiento republicano, o el anti-monárquico, se está arraigando en el territorio español y que puede ser peligroso dejar de caer bien? ¿Creen que nos estamos hartando de tanto Bribón, y de tanto veraneo en Mallorca, y de tanto Marichalar?
