Todo empezó cuando aquella revista publicó aquel dibujo en su portada. Dos días después, un juez les obsequió con una gran campaña mediático-publicitaria que hizo que la portada diera varias vueltas al mundo. Los autores del dibujo salieron por la tele, promocionando tanto a la revista, que volvió a imprimirse en papel de revista, como a sí mismos. El delito por ultrajes a la corona que podría constituir el dibujito se quedó en una sanción económica.
Luego, un viejo senador vasco dio rienda suelta a su incontinencia verborreica antimonárquica en una página como ésta. Una agencia con nombre de letra se fijó y le dio bombo, haciendo público lo que sólo habíamos leído unos poquitos. El senador salió también por la tele, ratificándose en lo escrito en su página.
Un ayuntamiento andaluz presentó una moción para reclamar un proceso en favor de una tercera república. Otros diez ayuntamientos andaluces anunciaron que seguirán sus pasos. Jóvenes independentistas catalanes prenden fuego a fotos del rey como señal de protesta por su visita a su ciudad. Otros jóvenes independentistas se solidarizan con un detenido por esa quema controlada haciendo muchas más quemas controladas de otras tantas fotografías del mismo monarca. En medio de todo esto, el tripartito que gobierna Cataluña, formado por PSC, ERC e IU, solicita que el rey deje de ser jefe de las Fuerzas Armadas.
Todos estos movimientos, más anti-monárquicos que pro-republicanos, son el comienzo de una reacción contra una institución arcaica y obsoleta, y, no nos olvidemos, impuesta por un general golpista y asesino que dirigió España con mano de hierro durante cuarenta años. Estos movimientos, impensables hace sólo unos años, serían estériles sin la colaboración inestimable de la televisión, especialmente de alguna cadena privada que repite las mismas noticias que suscitan morbo una y otra vez, movidos sin ningún afán antimonárquico pero con un gran deseo de lograr audiencia con cualquier noticia llamativa para elevar sus ingresos, sea de un signo o de otro. Sólo el tiempo dirá si estos movimientos son los cimientos de algo o si, por el contrario, sólo ha sido material televisivo veraniego sin trascendencia para la monarquía, que, según el CIS, es la institución más valorada por los españoles.