14 abril 2008

El boicot a los juegos

La movilización de la opinión pública responde, a menudo o casi siempre, a movimientos que surgen de la prensa o de personajes célebres. Es la única explicación que se me ocurre para la movilización (si así se le puede llamar) a favor del boicot a los Juegos Olímpicos de China. Si tiramos de hemeroteca, nos encontramos con las siguientes declaraciones del presidente del Parlamento Europeo, Hans Gert Pöttering, el pasado 22 de marzo: "No podemos descartar un boicot a las Olimpiadas. Queremos que los Juegos se celebren con éxito, pero no si el precio para ello es el genocidio cultural de los tibetanos" (recogido de El País). El alcalde de Praga se ha anunciado favorable al boicot: "Seguro que no iré a las Olimpiadas de China" (también de El País).

Censurar a China por la invasión del Tïbet no es injusto, sino que es tan correcto y necesario como censurar a otros países por otras invasiones similares. Lo injusto es que el tema se trate como si fuera una novedad, cuando hace más de 50 años que comenzó; y que sólo se critique a China por esta invasión y no por otras prácticas habituales del régimen, también consolidadas desde hace muchos años y realizadas de forma más que abusiva (la pena de muerte, la censura, el control del ciudadano, la represión...). Por eso sorprende que ahora se haya puesto de moda, por decirlo de alguna manera, el deseo de boicot a los Juegos de China, que ha llegado a la opinión pública. Los que quieran boicotear a China, que lo hagan de verdad, rompiendo toda clase de negocios con ese país hasta que se den las condiciones necesarias (empezando por el respeto a los derechos humanos). Cómo se nota que los negocios pesan más que los principios, como decíamos hace poco a propósito de la visita a España de Teodoro Obiang).

Afortunadamente para los tibetanos, el boicot parece poco probable. Y digo afortunadamente para los tibetanos porque en caso de prosperar este boicot, los perjudicados serían ellos, que pagarían en sus propias carnes la ira de las autoridades chinas, tal y como viene sucediendo desde 1950.