El mundo de las letras no está de enhorabuena, precisamente. No considero una buena noticia la graciosa concesión del sillón T a un personaje que ha sido alzado a la cima de los libros superventas por parte de un poderoso monopolio, en el peor sentido de la palabra (y lo de superventas en rigor muy discutible también), cuyo sello personal es una calidad (?) literaria objetivamente discutible, sea en la ¿narrativa?, sea en sus columnas de ¿opinión? Me refiero al sr. Pérez-Reverte. Ahora, el personaje en cuestión tiene el lujo de compartir mesa, o pesebre, que nunca se sabe, con escritores de la talla de Mario Vargas Llosa, José Luis Sampedro, Antonio Muñoz Molina o Ángel González, con la diferencia de que éstos sí dominan su oficio y son un regalo para la lectura; en tanto que el primero, de profesión, sus exabruptos y chulería barata, muy española, eso sí.
Es muy lamentable tanto más cuanto que la operación no creo que lleve beneficios para ninguna de las partes, ni para el comprador de voluntades, ni para quienes se venden, seguramente con el propósito de seguir disfrutando de buenos yantares u otras veleidades sensuales. Aunque quizá el propósito sólo fuera demostrar quién es el dueño del cortijo. Para eso no hacía falta sentar un gorrino a la mesa.
(*) A propósito del ingreso en la RAE del sujeto Arturo Pérez-Reverte,
el día 12 de junio de 2003.
22 mayo 2008
El dueño del cortijo
Junio de 2003 (*)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)