Alberto Núñez, presidente del PP de Galicia, se ha molestado con el presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez, porque "ha tardado cuatro días en volver de sus vacaciones" mientras los montes de Galicia se quemaban. Tan mal le ha parecido, que, ni corto ni perezoso, y ataviado con sus náuticos, pantalón vaquero, camisa blanca recién planchada y reloj (indumentaria apropiada para cualquier clase de menester, sin duda), se sirvió espontáneamente de una manguera con un impestuoso chorro y se puso manos a la obra.
Los ciudadanos de Galicia pueden estar tranquilos. Aunque sus mandatarios sean unos completos irresponsables, aún les debe quedar la esperanza de pensar que pueden confiar en la leal oposición, que se dedica a colaborar y a velar por la integridad física de sus convecinos cuando advierte que los que mandan pecan de inexperiencia, ineptitud, o lo que sea. Esperemos que estos políticos tan sacrificados por su tierra no se olviden de cumplir con su deber si algún día dejan de ser oposición. Quizá pase otro desastre cuando ellos manden y sean los otros los que tengan que apagar el fuego mientras ellos están de cacería.
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