29 noviembre 2006

En el nombre del consumo

De vez en cuando, programas de televisión se detienen para mostrarnos algún caso extremo de crueldad procedente de los seres humanos. El poder de la televisión es muy importante, y cuando esto ocurre, el televidente cotidiano se asombra, perplejo, y se indigna ante tamañas inmoralidades. Sírvanse como ejemplo las campañas contra el abandono de los llamados “animales de compañía”, o los eventuales hallazgos de galgos ahorcados en algún bosque.

El grado de afectación de estas torturas en el televidente es fulminante. Cabe pensar que es normal, porque hablamos de hechos muy graves. Pero los hay aún peores: la doble moralidad respecto a determinadas torturas lo es, y lo es también la desconcertante indiferencia ante el dolor de otros muchísimos animales. Mamíferos también, como los animales de compañía, y los galgos, y también los seres humanos.

Quizá los perros sean objeto de mayor condescendencia por su cercanía al ser humano, pero, desde luego, no deberían serlo por tratarse de los animales más maltratados por la mano humana. Ni de lejos. Otros acaban como comida siendo matados muy jóvenes, como ropa, o como meros instrumentos para pruebas de investigación.

En España, la carne del cordero se vende para su consumo cuando éste ha sido matado con menos de un año de vida, por no hablar del cordero lechal, o lechazo –que debe su nombre a que no ha sido aún destetado-, que se consume con apenas cuatro o cinco semanas de edad; o del cochinillo. Ovejas y corderos son tratados genéticamente para que produzcan más lana. Para hacer un abrigo de piel es necesario matar más de 15 animales (algunas pieles deben ser arrancadas cuando los animales están aún vivos). Mejor no hablar del sufrimiento de los animales de tiro, los toros de lidia, o los animales que son torturados como esclavos de la tecnología para hacer múltiples experimentos (ratas, conejos, monos…), que, en el penoso caso de no morir en la prueba, quedan ciegos, o cojos, o drogodependientes. Estos sufren también, y me temo que mucho más que los perros. En el nombre del consumo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Éste para comer, éste para adornar, éste para hacerme compañía, éste otro para hacerme un abrigo, éste para forrar un sofá, éste para matarlo porque sí... y nosotros como borreguitos seguimos al rebaño sin plantearnos la irracionalidad que estamos cometiendo.
La DOBLE MORALIDAD es un asco!

EL LODO FEROZ dijo...

Yo no podría decirlo más claro. ¿Es la doble moralidad el resultado de la supremacía del ser humano sobre el animal?